Bethany

Este último verano fue probablemente el mejor verano que he tenido en toda mi vida, aunque eso sea decir mucho, debido a que gracias a Dios he tenido la gran fortuna, a lo largo de mi vida de tener grandes veranos en muchos lugares del mundo, incluyendo varios excepcionales de ellos en mi propia casa; sin embargo, ninguno de mis veranos han sido tan bueno como los muchos de ellos que he pasado en las Montañas Rocallosas de Colorado.

La  verdad, este verano no pintaba para ser uno extraordinario, que superase mis veranos pasados en Colorado; sin embargo, poco sabía de lo extraordinario que sería aquel par de meses donde el verde de las montañas brilla con los intensos rayos del sol que impacta a los altos pastos, rocas, ríos lagos y sobre todo en la copa de los árboles, que bailan con el viento de la tarde, vientos que generalmente traen consigo una fuerte lluvia, encargada de hacer brillar el color esmeralda de aquellos lugares.

Lo primero que hicimos al llegar a nuestra casa fue ir a la casa de unos viejos vecinos, que se cambiaban de casa e irían a vivir a Minnesota, por lo que hicieron una gran venta de sillones en su garaje, algo que se hace mucho en los Estados Unidos cuando alguien se muda, especialmente cuando este cambio es a otro estado.

Estos eventos de venta de sillones, tostadores, lámparas y todo tipo de cosas son siempre eventos grandes en la calle de los vecinos donde puede suceder, especialmente en Colorado y Tennessee, que se hagan carnes asadas deliciosas y se de mucha cerveza siempre servida en jarras grandes para agua.

Después de algunas horas de estar ahí  llegaron cuatro familias quienes regresan a casa cada verano para disfrutar de las hermosas montañas de Colorado.

Todas aquellas cuatro familias trajeron un gran cargamento de carne texana y cerveza Blue Moon, por mucho mi cerveza favorita en los Estados Unidos, algo que me hizo muy feliz, ya que pocas cosas son las que me causan más felicidad que cervezas y buenas carnes.

Sin embargo, eso no era lo mejor del asunto, ya que algo sucedió que me hizo el hombre más feliz de la tierra, además de haber sucedido en el momento perfecto, muy parecido a aquel momento cuando se le hecha la correcta salsa a unos tacos.

Resulta que una de esas cuatro familias es la familia de mi primera novia, a quien no veía desde hacia años luz y quien se convirtió en la mujer más hermosa de la tierra y por quien siempre he tenido un gran aprecio.

Ella es una verdadera vaquera, quien gusta de las fogatas; la cerveza; los caballos; las armas y sobre todo, en combinar todo esto al ir días enteros a campar a las montañas, además de ser, como ya lo mencioné, la mujer más hermosa de la tierra.

Su nombre es Bethany e hizo de mi verano el mejor de mi vida.